Si le preguntas a Miércoles Addams cuál es su concepto de tortura moderna, probablemente describa la maravillosamente irónica estampa que vivimos este miércoles 23 de septiembre a las 18:30 horas en el Teatro Calderón. El clan más lúgubre, pálido y alérgico a la luz de la cultura pop regresaba a Madrid para su gran noche de gala, y el escenario elegido para el photocall VIP fue la mismísima azotea del edificio, con el implacable atardecer madrileño bañando la calle Atocha.
La escena fue pura poesía gótica y una masterclass de humor negro. Allí estaban Morticia, Gómez y el Tío Fétido, enfundados en sus pesados ropajes de terciopelo y maquillaje mortuorio, demostrando que no hay deslumbramiento solar que acabe con el método actoral. Ver al elenco entrecerrando los ojos y aguantando el tipo, rodeados de invitados VIP que intentaban no derretirse de riguroso negro, fue el mejor plot twist de la tarde. Una anécdota pícara que sirvió de aperitivo inmejorable antes de descender a la reconfortante oscuridad del patio de butacas.






La inquebrantable elegancia de Natalia Millán (Morticia), Javier Navares (Gómez) y Cristina Picos (Miércoles) resistiendo estoicamente el impacto del sol en lo alto del Teatro Calderón. Fotos: Hugo Ortuño/SPINOFF.NEWS
Un Apocalipsis de madera, acero y ancestros
A salvo en la bendita penumbra del teatro, el término "deslumbrante" cobró su verdadero significado. Casi una década después de su primera incursión en España, las productoras LETSGO y beon.Entertainment han puesto toda la carne en el asador para demostrar que esta franquicia no vuelve para vivir de las rentas.
Bajo la dirección de Federico Bellone (artífice de titanes de la cartelera como El Fantasma de la Ópera y Houdini), el musical te atrapa sin anestesia. Nada de aperturas lentas: seis telones se abren en cascada imitando el efecto visual de una cabecera de animación clásica. Una declaración de intenciones en toda regla.
El despliegue técnico huye de las pantallas fáciles. Han construido una imponente mansión a escala real que avanza, gira sobre sí misma y despliega sus lúgubres habitaciones a traición. La casa es un monstruo más sobre el escenario, habitada por un brillante elenco de "Ancestros" —los fantasmas de familiares pasados— que salen de sus criptas con un vestuario impecable para ejecutar unas coreografías que elevan la energía del show al máximo.

El terror de ser "básico"
Si la escenografía impone, el casting no se queda atrás. Natalia Millán derrocha esa frialdad magnética inconfundible de Morticia, marcándose unos tangos de infarto y formando un tándem impecable con un Javier Navares (Gómez) que clava la excentricidad y el acento castizo del devoto patriarca.
Sin embargo, el verdadero motor de la trama es Miércoles, interpretada por Cristina Picos. El conflicto es brillante por lo absurdo: la hija inteligente y sádica de los Addams ha cometido el terrible error de enamorarse de Lucas Beineke, un chico de Ohio aburridamente normal. La decisión de invitar a cenar al novio y a sus suegros "básicos" detona un Apocalipsis doméstico. Picos borda la transición entre la psicópata adolescente y la chica que, en el fondo, solo ruega que sus padres se comporten durante la velada.
Para rematar el cuadro familiar, tenemos a un hilarante Omar Calicchio como el Tío Fétido —que ejerce de peculiar narrador cómplice con el público— y a Amparo Saizar, una Abuela experta en pociones que roba carcajadas con cada réplica envenenada.






Omar Calicchio (Tío Fétido), Amparo Saizar (Abuela) y un inmenso Javier Canales (Lurch) completando el desfile de criaturas nocturnas bajo el cielo de Madrid. Fotos: Hugo Ortuño/SPINOFF.NEWS
Nostalgia, guiños y la resistencia de lo raro
El libreto no da tregua e incorpora un juego meta-musical maravilloso, con la orquesta soltando guiños constantes a clásicos de Broadway que funcionan como parodia y homenaje al mismo tiempo. Es un espectáculo diseñado para enganchar al gran público, pero que premia a los fans acérrimos del género.
También hay espacio para la nostalgia de quienes ya aplaudieron a la familia en 2017. Javier Canales vuelve a enfundarse las plataformas para dar vida a un inmenso y gutural Lurch, demostrando que el mayordomo le pertenece por derecho. Y Javier Enguix, que en aquel primer montaje formaba parte del coro, asume ahora el rol de Mal Beineke, el estirado suegro; un relevo generacional que evidencia la madurez y el talento de la industria en Madrid.
Más allá de la anécdota luminosa en las alturas a las 18:30 horas, La Familia Addams: El Musical suelta un dardo que conecta de lleno con el espíritu de la Generación Z y Alfa: la normalidad está profundamente sobrevalorada. Celebrar lo que te hace raro, abrazar tus sombras y mandar al cuerno las expectativas sociales sigue siendo el mejor final feliz posible.