Durante años, Netflix, Prime Video, Disney+ y compañía han jugado con una ventaja colosal frente a la televisión tradicional gracias a un secretismo férreo. Las plataformas de streaming han mantenido sus datos de audiencia encerrados en una "caja negra", controlando a su antojo el relato público sobre lo que es un éxito incontestable y lo que es un fracaso absoluto. Pero el chollo de esconder las cifras tiene las horas contadas.
Nielsen, la empresa auditora de audiencias por excelencia en Estados Unidos, acaba de dar un golpe en la mesa que va a sacudir los cimientos del entretenimiento. Hasta ahora, la compañía publicaba su famoso ranking semanal de streaming con un irritante desfase de 28 días (casi un mes de retraso). A partir de ahora, ese retraso se recorta de forma drástica y los datos públicos saldrán a la luz en solo 11 días.
Datos casi diarios y el fin del espejismo
La verdadera revolución tecnológica es para los propios clientes de la industria. Nielsen ha confirmado que entregará los datos de consumo de las plataformas cada día laborable con apenas 48 horas de retraso. Se trata de un movimiento bestial que reduce los tiempos de entrega en un 80 % y que el propio vicepresidente de estrategia de producto de Nielsen, Brian Fuhrer, califica como la mejora más significativa del sistema desde que se lanzó en 2017.
¿Por qué es tan importante reventar esta caja negra? La experta Elena Neira lo detalla a la perfección en su reciente análisis para Barlovento Comunicación: la falta de datos públicos e independientes permitía sostener un gran espejismo en la industria.
Cuando una serie nueva se estrena, el hype y los millones invertidos en marketing pueden hacernos creer que estamos ante el fenómeno del año. Sin embargo, sin cifras auditadas e independientes sobre la mesa, resulta imposible distinguir un éxito real de un producto inflado artificialmente por la propia plataforma.
La televisión tradicional pierde su escudo
Además, este acelerón en las métricas rompe de lleno el cordón sanitario de la televisión tradicional. Históricamente, la televisión lineal se ha sentido muy incómoda y se ha negado a que sus audiencias se comparen de tú a tú con las del streaming, todo para no evidenciar cómo las plataformas están canibalizando a sus espectadores, especialmente ahora que proliferan los planes de suscripción con anuncios.
A partir de ahora, la inmediatez de la información permitirá a las plataformas sacar pecho con sus pelotazos de forma oficial (exactamente igual que hacía la televisión de toda la vida) y tomar decisiones mucho más ágiles sobre qué proyectos renovar y cuáles cancelar sin contemplaciones.
La transparencia total llega por fin a nuestras pantallas. Y esto no va solo de saber quién gana la guerra del streaming; consiste en comprender qué estamos viendo realmente los espectadores y averiguar cuánto vale de verdad el contenido por el que pagamos cada mes.